Mar de las Pampas: un estilo de vida lento

Los hombres que se resisten a la velocidad y a los cambios abruptos. Desde la famosa fábula del conejo y la tortuga, hasta los nuevos libros de autoayuda que invitan a la reflexión y a una nueva filosofía de vida, el mensaje pareciera ser siempre el mismo: cambiar.

Desde hace tiempo, los vecinos y los visitantes de Mar de las Pampas vienen manejando algunos slogans con los que buscan darle identidad a este paradisíaco sitio. “Vivir sin prisa”, “ciudad lenta” o “la primera ciudad lenta de Argentina” son algunos de los claros ejemplos de una forma de vida que no quiere quedarse en discurso potencial y busca dar vida a lo que se pregona.

Si bien las identidades se construyen, en este caso pareciera ser que, por el contrario, la identidad se trabaja en el día a día y sobre todo desde el sentido común. Ya no se ve por el centro comercial ni por las calles de arena los cuatriciclos ni las motos de agua en el mar, ni tampoco scooters y motocicletas manejados por menores de edad.

Caminar y andar en bici

Por el contrario, cada vez más carteles indicadores fomentan las caminatas y el uso de bicicletas antes que de vehículos motorizados. El uso de teléfonos celulares se encuentra prohibido en muchos paseos comerciales o en lugares públicos, mientras que otros recomiendan hacer uso de estos aparatos sin alterar la paz de terceros no involucrados en la conversación.

La prohibición de contaminar el ambiente mediante publicidad gráfica o sonora es otra de las nuevas medidas adoptadas y gracias a ello el visitante apenas entra a la villa se da cuenta de la diferencia con otros balnearios de la costa atlántica. Tres elementos forman la pequeña Mar de las Pampas, el mar, el bosque y su gente. Pero este último, aunque resulte esencial, debe pasar inadvertido. Sólo el bosque y el mar son los protagonistas, lo cual es bueno para todos.

Ideología de las ciudades lentas

Karl Honoré es, para muchos, el autor intelectual de un movimiento que en los últimos años ha logrado hacer que el mundo, en algunos sitios, gire mucho más lento. Su libro Elogio a la lentitud es considerado la “Biblia” del movimiento slow. Allí habla de ciudades lentas o de momentos en que hay que parar el mundo y llegar a frenarlo para ver bien a dónde queremos ir o qué queremos hacer.

El hecho de vivir en la era de la velocidad, donde se nos exige ser eficientes a cada momento, hace que no podamos disfrutar exactamente de cada momento. Elogio de la lentitud es, por ello, una mirada de gran alcance que intenta abordar el sentimiento y el pensar de los nuevos movimientos defensores de la lentitud, movimientos que quieren imponer este estilo de vida en todos los lugares donde desarrollamos actualmente nuestras actividades: oficinas, fábricas, barrios, cocinas, hospitales, dormitorios, gimnasios, escuelas y, por supuesto, ciudades.

La búsqueda del ocio perfecto

El ocio tampoco queda fuera de este concepto. Las vacaciones y la forma de disfrute que hoy hacemos del tiempo libre son parte también del sentido común que estamos viviendo. Llegar lo antes posible, hacer todo lo más rápido posible para hacer más cosas, no perderse nada y, finalmente, volver lo antes posible es parte de nuestra alterada visión del mundo.

Llegar despacio, haber disfrutado del viaje, valorar el nuevo lugar, conocerlo y mimetizarnos con él; hacer lo que tengamos ganas y dejar cosas para otro momento, otro día e incluso otro año; y, finalmente, volver despacio. Esto es lo que quieren que ocurra quienes desde hace años han hecho de Mar de las Pampas su casa. Y parece que quienes la visitan, cada vez en forma más frecuente, lo están entendiendo.

Fuente: Welcome Argentina